Zuckerberg “aplatanado”

TL;DR: Respondiendo a un reporte/artículo publicado por Alejandro Fernández W, los emprendedores dominicanos aún se les dificulta conseguir facilidades. Mejor, muchos se van fuera.

Versión larga:

Desde hace una década hasta la fecha, el tema de la competitividad nacional en países como el nuestro se encuentra cada vez más presente en el top of mind de intelectuales, economistas y si vamos bajando, a los emprendedores. En esta ocasión, Alejandro Fernández, reconocido en el país por sus análisis financieros, toma sus impresiones en base a cómo, en los últimos años, a los emprendedores criollos se les hace cuesta arriba, arrancar un negocio en base al panorama criollo.

Este escenario no es exclusivo de Dominicana. Es una constante en toda una región latinoamericana, donde los pocos casos de estudio exitosos de emprendimientos que han salido a flote -al menos en el sector tecnológico-, han sobrepasado gracias a las tantas barreras existentes: acceso al capital, burocracia gubernamental, impuestos, talento, entre otras variables. ¿La constante más notoria? Que los exitosos tuvieron que salir de sus países y pensar en global para crecer y conseguir más capital.

Edrizio, para crear Regalii, comenzó su emprendimiento desde Washington Heights, donde vivía mientras estudiaba el comportamiento de las remesas de sus compatriotas. Hoy, luego de pasar por varias etapas, su solución de cobros y pago de facturas en tiempo real ya está en Silicon Valley. Atiende mercados como el de la India o Centroamérica.

Paola, gracias a una beca, salió del país y por esa vía fue que pudo hacer su sueño realidad creando Matternet, siendo fue pionera en el uso de drones para la gestión y transportación de bienes. Tuvo que radicarse en Menlo Park para escalar global.

Con estos dos ejemplos, no hago un panorama pesimista para los emprendedores quisqueyanos diciéndoles: ¡Hey, para convertir sus ideas de negocio en algo tangible, mejor váyanse del país! Los casos anteriores fueron en el pasado inmediato. Sin embargo, las oportunidades cada año son más promisorias y vemos como ya existen fondos de inversión, hay un entorno financiero muy estable, eventos y plataformas de aceleración para emprendedores, sin dejar de lado un ecosistema del cual he sido parte momentáneamente, está bien establecido.

¿Dos casos? Gian Pereyra comenzó vendiendo galletas de moringa. Hoy, gracias al ecosistema emprendedor, tuvo facilidades al crédito y Kikaboni poco a poco va siendo una marca global, con sede en una de las playas más recomendadas para el kitesurfing en el Caribe. Katherine hizo Jompeame para ser la primera plataforma de crowfunding dominicano con éxito. Y vienen más en el camino.

Aún así, hay mucho por recorrer para que “el Mark Zuckerberg dominicano” sea realidad. Tiene que ver no solo con el clima de negocios: también es la cultura, como me lo comentó Andrés Hernández en una entrevista que le realicé en 2012. No es cuestión de nacionalidad ni de orgullo tricolor: es pensar global; de que existan las facilidades necesarias para que se logre, de una vez por todas, la oportunidad de hacer negocios más fácil y alcanzar a más personas fuera de nuestras fronteras.

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