Privacidad: la anomalía

Vint Cerf es considerado, por muchos del ámbito tecnológico, como uno de los padres de la Internet y el arquitecto de la misma. En su colaboración con la armada estadounidense hace más de 4 décadas, dio las pinceladas con protocolos de comunicación entre computadores y que ha dado paso a que miles de millones en el planeta tengamos acceso a millones de contenidos -de todo tipo- en tiempo real y en gran medida, con plena libertad. 

Vocero de Google en la actualidad, en materia de innovación y propulsor de las novedades que este gigante de Internet avala, ha sido férreo defensor de otorgar y mantener a quienes somos millones de usuarios en el mundo, la posibilidad de tener libertad y la debida privacidad para navegar y utilizar las miles de redes que componen la Web.

Uno de los grandes temas que impactaron en las masas este 2013 que pasó ha sido el cómo los gobiernos y las empresas privadas están usando los datos, muchos de ellos sensibles, de los usuarios en la red. Que naciones como Estados Unidos han estado espiando a sus ciudadanos, figuras públicas e incluso gobernantes de otros países usando datos de las principales redes sociales dejó a muchos inquietos y con la preocupación en alza de por qué, una de las redes más populares del mundo como Internet, que naciera bajo los principios de no intervenir en la vida de otros al simplemente disponer información pública en nuestros dedos, ya tenga ojos de espías en cada dispositivo con acceso.

Bajo esta posición, millones en el mundo esperaban que Cerf, junto a otros intelectuales, reaccionarían del lado libertario. Sin embargo, su posición era la que menos se esperaba. Él, quien viste por lo regular de chaqueta formal y barba recortada tal como el típico abuelo de canas blancas al cual podemos recurrir en busca de viejas anécdotas o sabiduría popular, dijo ante los funcionarios de la Comisión Federal de Comercio de los Estados Unidos que “la privacidad será cada vez más una anomalía” y que “difícilmente los usuarios han de obtenerla si cada vez comparten en redes sociales que buscan lucrarse de la información que éstos usuarios publiquen”.

La imagen de Cerf es bien satirizada en las redes, comparándola al “Arquitecto”, ese personaje ficticio de la trilogía fílmica Matrix que, cuando se encuentra con el protagonista principal, Neo, lo describe como una “anomalía” dentro del sistema. Este ejemplo con el tema de la privacidad en la red quizás no sea del todo ficticio en los momentos actuales y más aún cuando una agencia de seguridad, como la NSA, anda vigilando a diestra y siniestra, sin que las personas sean consultadas previamente.

En cierto punto, Cerf tiene algo de razón. La privacidad de datos personales ha sido un derecho legal adquirido, apenas con unos 80 años de vigencia, como máximo. Previo a eso, siempre hemos vivido en lo público: desde núcleos tan cerrados como una aldea, donde hasta el pulpero de la esquina todo lo sabe, hasta en las redes sociales, donde muchos publican no solo lo que piensan, sino lo que comen, dónde están y sus futuros planes de vida. Todo accesible desde un click en “aceptar”, un “me gusta” o un “favorito”.

Google, en la empresa donde Cerf es asesor, tenía en sus principios de negocio hace más de una década una frase que le hizo famosa: “no seas malvado”, donde esta organización mostraba su postura ante el uso malicioso de los datos de los usuarios. Hoy se alimenta de ellos para acceder y personalizarnos la experiencia en cómo navegamos la web, poniéndonos anuncios de todo tipo. ¿Eso no es malvado, en realidad?

Cerf, con sus planteamientos quizás se pase al “lado oscuro de la Fuerza”, aunque mantiene una línea delgada, suavizando el tema al final de cuentas: “Todos queremos sentirnos seguros y, a la vez, pensar que tenemos el control de lo que la gente sabe de nosotros”.

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